Llevar la contraria

Este post lleva varias semanas rondándome por la cabeza. Sin embargo me costaba bastante encontrar las palabras adecuadas para explicar qué es lo que siento en ocasiones por el hecho de ser enfermera.

Hace muchos años que comprendí que esto de estudiar enfermería no iba a ser una tarea sencilla, y no precisamente por la carrera en sí, sino por el condicionamiento social que había acerca de esta profesión. 
Aún recuerdo la bronca que me echó mi tutor de COU ( que e.p.d) justo antes de selectividad cuando le anuncié la carrera que iba a estudiar si todo salía bien. Me dijo cosas como que estaba tirando mi futuro por la borda, que tenía la posibilidad de estudiar medicina y que no entendía porqué no lo hacía…
Sinceramente yo tampoco lo sabía, no voy a ir ahora de enfermera vocacional desde la mas tierna infancia, porque con esas edades bastante es que acertemos con la rama de los estudios a la que queremos enfocar nuestro futuro, yo solo sabía que me gustaba el hecho de cuidar a los demás, que me gustaba la sanidad, y que no quería terminar haciendo un MIR después de una larga carrera, para querer ser…  no se, pediatra por ejemplo y acabar de otorrino, por poner dos especialidades bastante dispares.
Yo quería tener contacto con la gente, estar al pie del cañón y no tener que esperar años y años para poder tocar a un paciente… Nunca sabré que hubiese pasado si me hubiesen convencido para ser médico, pero de lo que si que estoy segura es de que no me equivoqué en mi elección.
¿Por qué os cuento todo esto? Porque hace poco una enfermera a la que respeto bastante me contó que en una presentación entre altos cargos, casi todos ellos médicos, la frase de despedida hacia ella de uno de ellos fue: “hasta luego guapa”… esta enfermera, que ya pasa de los cincuenta, y con una dilatada carrera profesional, se sintió de repente como si hubiese entrado en una máquina del tiempo y retrocediera 30 años atrás… El tono de la voz del interlocutor, el gesto, y las formas… todo ello le recordó su etapa de principiante a finales de los 70, cuando las enfermeras todavía no se distinguían bien de aquellas “chicas para todo” que tan bien encarnaba con cariño Gracita Morales.
¿Qué sucede entonces? ¿todavía hay quien piensa que las enfermeras somos prescindibles? ¿qué estamos ahí para solucionar los problemas de otros? ¿que nuestra labor no es más que un ruido de fondo que acompaña la partitura que escriben los médicos?
Cuesta mucho llevar la contraria, luchar contra los elementos, tener que demostrar una y otra vez nuestro valor, nuestro conocimiento, nuestro trabajo.
¿Porqué cuando tenemos que poner algo de manifiesto nos tiene que acompañar una miríada de estudios, gráficas, leyes y documentación? sobre todo cuando a otros profesionales solo les basta con su palabra.
A veces me cansa todo esto y me pone de muy mal humor, pero lo que verdaderamente me cansa es cuando veo que compañeras mías (y perdonad los chicos que siempre hable en femenino, cuestión de números) que dudan de sus propios conocimientos si un médico les da la orden contraria.
Es triste pero a día de hoy todavía hay muchas enfermeras a las que les cuesta llevar la contraria. Es mucho más fácil, decir a  todo que sí, no pensar por sí mismas y dejarse llevar por lo que digan terceras personas.
Sin embargo no quiero terminar este post, sin contaros la segunda parte de la conversación con la enfermera de la que os hablaba antes; tomándonos un café, tras contarme esa historia y de cómo había ido evolucionando el mundo de la enfermería desde su época hasta la actual, saqué del bolso mi móvil, y abrí el seesmic, le hice un breve resumen de lo que se cocía por el tuiter de enfermería, después de un buen rato, me dijo, “Nena, esto es el principio de una revolución” me entró la risa, porque sonaba muy pomposo, pero lo había dicho muy seria y añadió ” menos mal  que seguimos luchando por ser visibles,  me siento hasta mejor” y me dí cuenta de que era cierto.
Todos los enfermeros seguimos peleando cada día un poco más por llevar la contraria, la contraria a los tópicos, a las costumbres, a las castas y jerarquías…
Trabajamos como profesionales, con conocimiento, experiencia e investigación para mejorar en nuestros cuidados,
Trabajamos en equipo con otros profesionales igual de imprescindibles que nosotros.
Y fundamentalmente Cuidamos y enseñamos a cuidarse a nuestros pacientes.
En lugar de un post quirúrgico, parece el epílogo de una larga novela que fuera de lucha y sacrificio… pero es que a mí, como a vosotros…
                                                             Me encanta Llevar la Contraria.
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2 comentarios en “Llevar la contraria

  1. Cualquier profesional que se precie, puede llevar la contraria pero debe estar amparado por algo de ciencia.

    De todos modos, el tema de hacernos visibles, tiene más que ver con la cultura organizativa de cada centro, y en este sentido tampoco se le puede pedir al profesional de a pie, que se pelee con sus compañeros multidisciplinares, sin un “respaldo” de nivel jerárquico. No solo con médicos, a día de hoy en ocasiones las enfermeras tenemos menos credibilidad que los celadores…

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  2. Tienes razón Esteban en que no se puede llevar la contraria así porque sí, pero bien es cierto que el hecho de ser un profesional sanitario, implica que efectivamente tienes conocimientos suficientes para saber en qué circunstancias puedes decir NO.
    Parece que nos cueste decir NO, por encima jerárquicamente no sabemos negarnos, o eso parece a causa de un extraño sentimiento de complacencia que tenemos para con otros estamentos, y sin embargo, al mismo tiempo no sabemos delegar nuestras tareas por no pedirlo…
    Vamos, que para hablar en plata, a un médico no sabemos decirle que no y a un auxiliar no sabemos decirle que si.
    Eso, amigo mío, es del enfermero de a pie, es algo cultural que algunos llevan dentro, por no se que clase de complejo, que hace sentirnos inferiores a unos para contradecir y no querer sentirse superiores a otros por “mandar”.
    Ni se es inferior ni se es superior, simplemente somos diferentes eslabones de una cadena, unos con unas tareas y otros con otras, y hasta que no implementemos en nosotros esa máxima no avanzaremos nunca como equipo.
    Otro tema es como bien dices la visibilidad.
    Cierto es que en las organizaciones las enfermeras son como los peones del ajedrez, están ahí, son básicos y numerosos, pero no se acaba la partida si ellas no están presentes.

    Por poner un ejemplo:
    En las comisiones de compras no hay enfemeros, como mucho la dirección de enfermería traslada lo que le puedan decir en algún momento los supervisores, pero en la mayoría de los casos cuando se compra material, en nuestro medio, instrumental por ejemplo, y en general, material sanitario, no se le pregunta al que finalmente a parte de usar ese material, lo va a cuidar y mantener.

    Por ponerte un ejemplo:
    En la compra de instrumental quirúrgico de nuestro centro siempre se compraba a una casa comercial “x”, gracias a la supervisora de la CE, que evidentemente conocerás, nos pusimos de acuerdo para empezar a comprar el mismo instrumental a una casa comercial “y” cuya relación calidad-precio es inmejorable a día de hoy.
    Aún estoy esperando que agradezcan el cambio, ya que el ahorro económico ha sido considerable.

    Y luego nos rasgamos las vestiduras por la no reutilización de un implante de 30€ que se desecha tal como dicta la ley. Pero claro, quien lo dijo, sin evidencia en la mano, ni normas, ni leyes, tenía lo más importante, una letra A en su categoría profesional

    No quiero terminar sin hacer una pequeña reflexión.
    ¿No será que nosotros también tenemos que demostrar que servimos y estamos preparados para estar ahí?
    Triste es que a otros no les haga falta demostrar nada más que el título académico para ello, pero no podemos esperar que el maná caiga del cielo y permanecer lamentándonos continuamente de lo mucho que se nos ningunea.
    El movimiento se demuestra andando… y me consta que tú sales mucho a correr 😉

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