Intoxicación Laboral

En la entrada de hoy queremos hablar de la toxicidad en el trabajo, pero lejos de enumerar tipologías de trabajadores tóxicos o causas y motivos de jefes tóxicos, en este blog, cuyo lema es “el cambio comienza en ti“, queremos darle la vuelta a la tortilla y pensar primero en nosotros antes de echar la culpa de nuestras desgracias a toda la toxicidad que nos rodea.

Es evidente que existen diferentes tipos de personalidades en las empresas, como en la vida, y que de sus actitudes de afrontamiento ante los problemas y el día a día se derivan halos positivos y negativos. ¿Quien no conoce a ese compañero que siempre está de buen humor, siempre te arranca una sonrisa y aunque todo vaya mal en un momento determinado, te dice, no pasa nada, venga, vamos a arreglarlo? y ¿quien no me sabría decir de ese compañero que siempre ve dificultades, siempre pone la puntilla a cualquier buena noticia o repite sin cesar que “tiene un mal día”?

A esta segunda personalidad Paco Muro, presidente ejecutivo de la consultora de RRHH Otto Walter la define como «un empleado, ya sea de base o jefe, que, por una actitud y comportamientos inadecuados, genera energía negativa a su alrededor, tensión en los demás, desmotivación, conflictos y pérdida de rendimiento en el equipo».

Por extensión al primero siempre te acercas con ilusión, con ganas de proponer ideas, sin miedo a pedirle ayuda para trabajar en equipo… porque ya vas predispuesto a esa sonrisa y a esa actitud positiva.

Sin embargo al segundo tipo, te acercas con recelo, evitas compartir trabajo, y casi prefieres hacer las cosas solo antes que tener que pedirle ayuda o consejo…

Así que… ¿cuál preferirías ser? Démosle la vuelta… no intentes cambiar al otro (te va a costar demasiado) ¿cómo quieres ser tu?

Yo lo tengo claro, quiero ser el positivo, del que se enriquecen los demás y del que se enriquece él mismo a través de las experiencias compartidas con los compañeros, su crecimiento personal será exponencial, ya que no solo tendrá su aporte sino el de otros profesionales con los que sinergizará en una longitud de onda similar.

¿Qué actitudes fomentarán en mi equipo un ambiente positivo?

Estas son las acciones que yo creo que fomentan la positividad de mi ambiente, y seguro que hay cientos de entendidos de los recursos humanos o la psicología que tienen estas u otras en sus listados, pero para mí son las más importantes:

Humildad: preguntar, pedir ayuda, consultar siempre al que sabe, sea superior o parte de tu equipo. Demuestra que eres consciente de que no lo sabes todo, y que valoras el conocimiento del otro.

Empatía: Escuchar al otro, reconocer que hasta en la más exagerada de las quejas siempre hay un poso de verdad que hay que valorar; comprender que siempre existen motivos en las actitudes de los demás y en sus acciones, y analizar cómo son vistos nuestros gestos desde otra perspectiva, nos ayudará a reconducir en muchas ocasiones nuestro tono, actitud o forma en que realizamos una tarea o nos relacionamos con los demás.

Coherencia: hacer lo que digo y decir lo que hago, siempre en todo momento, y si las circunstancias cambian, cambiar al tiempo entonces el discurso y las acciones, de lo contrario caeremos en la desconfianza.

Hablar: Créeme, nadie lee el pensamiento, si no explicas lo que necesitas, lo que haces o lo que se te pasa por la cabeza, va a ser imposible que el otro te entienda lo más mínimo por más texto que le escribas. Las emociones no pueden escribirse.

Reflexionar antes de hablar: Antes de contestar, o de emitir un juicio ante determinada situación, date 5 segundos… decía un médico compañero de las urgencias en que yo trabajaba, que siempre en una parada, siempre, tenía que haber 5 segundos para pensar, pues cuanto más para contestar ¿no?. No debemos ser reactivos y saltar como un resorte, ya que dispararemos las posibilidades de cometer un error difícilmente recuperable.

<< La palabra dicha, no tiene vuelta, pero la callada aún se puede cambiar>>
Mi abuela dixit.

Por favor, Gracias y Lo siento: esta triada mítica que enseñamos a nuestros hijos, a veces se nos olvida a los mayores.

Pide: con un por favor, no porque seas un superior (o te lo creas, que es todavía peor) sino porque la otra persona merece tu respeto.

Recibe: con un gracias, agradecer es un bálsamo para el espíritu, te hace sentir bien cuando lo das y mejor aún cuando lo recibes, desde el cumplido más sencillo hasta la recepción del proyecto más complicado entregado a tiempo. GRACIAS.

Discúlpate: con un lo siento, con un perdona, siempre que seas consciente de que tu acción ha causado un malestar o un problema al otro. Asumir los errores, es una de las partes más importantes del crecimiento personal y del propio aprendizaje, y la forma más clara de expresar humildad y confianza.

No regales tu tiempo: A quien importa o lo necesita sí, pero a los problemas que no puedes solucionar, como la actitud del otro, los presupuestos del ministerio o el texto que se te ha borrado por no darle a guardar… si tiene solución, invierte el tiempo en arreglarlo, sino, no te retroalimentes en la tragedia o contaminarás al resto con esa negatividad. Si algo no te gusta… cámbialo (y si no se puede cambiar… no le des más vueltas)

SONRÍE: Para mí es la más importante, levantarse por la mañana y vestirse con una sonrisa, llegar al trabajo y dar los buenos días a los que te cruzas. La sonrisa se contagia, no lo olvides.

¿Cómo podemos luchar contra un trabajador tóxico?, es más, si somos gestores, ¿cómo podemos evitar que campe a sus anchas en nuestros equipos de trabajo?

Dice Paco Muro también, que lo primero es identificar si realmente es un problema puntual o si es una actitud en el tiempo, ya que en un momento determinado, una mala adaptación a una situación o un puesto, puede convertir momentáneamente a un trabajador excelente en un trabajador tóxico.

Es por tanto nuestra labor como gestores detectar a tiempo estas actitudes abriendo muy bien “las orejas” a toda la información que nos llega y no solo a nuestra percepción.  Si un trabajador pasa de una fase a otra, estamos a tiempo de valorar si es algo puntual, por un cambio, un proyecto al que no se adapta, un turno nuevo etc. y tendremos posibilidad de hablar y solucionarlo.

Atajar como gestores los comportamientos tóxicos también puede cuantificarse en cifras económicas. La toxicidad se contagia, por convicción o por miedo al propio trabajador tóxico, por eso no es infrecuente encontrar equipos de trabajo (unidades si hablamos de enfermería) donde pese a tener unas condiciones laborales idénticas a las de otras unidades, se generan equipos conflictivos y difíciles de reconducir hacia la motivación y el trabajo productivo.

Jose Antonio Gallego ( )nos cuenta en el Blog Salmón que según el informe de 2015 de la Escuela de Negocios de Harvard (puedes bajarte el pdf), el coste adicional de un trabajador tóxico puede llegar a suponer 12.000$ a una compañía de forma anual… así que perpetuar estas conductas puede minar exponencialmente toda la actividad de un centro.

¿Qué podemos hacer?

Primero de todo autoanalicémonos, no sea que nosotros mismos seamos un trabajador tóxico para nuestra empresa. En primer lugar, pensaría en si llevo a cabo las actitudes que antes mencionaba como generadoras de ambiente positivo y después me preguntaría:

1.¿Genero conflictos de forma innecesaria?

Es decir, me quejo todos los días por algo, le doy vueltas a un problema constantemente pero solo contándolo una y otra vez… Utilizo la información para contársela a terceros aún a sabiendas que solo les va a reportar malestar y enfado…

2. ¿Soy autoritario e incapaz de comprender las carencias de mis compañeros?

Es decir, ¿me rechina pedir nada por favor, no cuento con la opinión de los demás a la hora de iniciar un proyecto o una idea, suelto esa frase de “a mi no me pagan por docencia”…?

3. ¿Hago autocrítica? ¿Soy consciente de mis limitaciones e intento mejorar para superarlas?

¿Suelto “esa no es mi función” a la primera de cambio que no se hacer algo o me imponen una tarea que no se realizar, si me dan formación me quejo constantemente del horario, del temario, de la utilidad de la misma ¡de lo que sea! porque en realidad no quiero aprender nada nuevo?

4. ¿Critico sin embargo de forma constante a superiores o a compañeros? (sin que haya existido un detonante evidente)

Frases como “con esta dirección es imposible hacer nada”, “El gerente solo mira por los médicos porque él también lo es”, “La supervisora piensa que estamos todo el día sentadas”, “Encarni, la de cardio, tiene un morro que se lo pisa porque…”

Cuando determinadas conversaciones son siempre las MISMAS conversaciones uno y otro día y no por un motivo determinado… debemos empezar a pensar si la culpa de nuestros males será solo de Encarni, o si nosotros hemos hecho algo (o dejado de hacer) para que tenga tanto morro.

5. ¿Entre las palabras más repetidas en mi vocabulario laboral están los: “no”, “imposible”, “aquí eso no se podría hacer”, “conmigo no cuentes”, “paso”…?

Si realmente siempre rechazas cualquier innovación, cualquier cambio, cualquier novedad… quizá no es que seas un profesional tóxico verdaderamente, sino que estás empezando a quemarte, y eso, tampoco es bueno.

Creo que hacer autocrítica es ya de por sí un síntoma de que no eres un trabajador tóxico, que te preocupas por hacer bien las cosas y mantener un ambiente laboral positivo, aquellos con excesiva confianza en sí mismos, los llamados hybris (síndrome de hybris) nunca pararán a reflexionar si están caminando por el camino inadecuado.

Así que, una vez sabemos que somos lo suficientemente humildes como para pararnos a reflexionar si lo estamos haciendo bien o mal, debemos analizar a nuestros equipos y compañeros con las mismas preguntas, y si creemos que hemos encontrado verdaderamente a un trabajador tóxico debemos combatirle con nuestras armas:

  • No entrar al trapo de conflictos
  • No retroalimentar sus quejas o negatividades
  • Forzarle a que te pida las cosas por favor, a que te de las gracias, a que se disculpe. Normalmente estas actitudes se dan en personas que solo aparentan seguridad, la gran mayoría solo saben parecerlo y una vez dejas de seguirles la corriente una de dos, bajan el nivel de agresividad o te ignoran (y esto último también es muy sano)
  • Resistencia pasiva, no hace falta enfrentarse, solo hacer lo que tú consideras correcto, ser objetivo, pensar por uno mismo y tener criterio son las mejores armas para no dejarse contaminar por un agente tóxico. Es decir… Si tu pasas, que sepas que #YoNoPaso

Si somos gestores y dentro de nuestro equipo encontramos a alguien así, debemos indagar en el origen de su actitud, valorar si es algo puntual y motivado por una situación (y cambiarla si está en nuestra mano) y si no es así, reconducir su conducta.

Permitir un profesional toxico puede desencadenar un contagio de negatividad que de al traste con toda la motivación de un equipo, y motivar a las personas cuesta años, mientras que al igual que la confianza perder la motivación, es cuestión de días.

Fuentes:

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